Pese a los avances en materia de protección, el sufrimiento humano y el desapego de las leyes humanitarias internacionales siguen siendo un lastre en los escenarios de conflicto, dijo el Secretario General. Sólo en 2018, cerca de 23.000 civiles murieron o fueron heridos en seis países. La hambruna y la violencia sexual se han convertido en armas de guerra.

El mundo ha reforzado la legislación y las medidas tangibles para proteger a la población civil de los países en conflicto y el tema es prioritario en la agenda del Consejo de Seguridad de la ONU; sin embargo, las violaciones de derechos humanos y los ataques indiscriminados contra los civiles siguen ocurriendo con regularidad. Debemos trabajar mucho para que se respeten las leyes internacionales, dijo este jueves el Secretario General de la ONU.

António Guterres fue el primer orador de un debate en el Consejo de Seguridad sobre la protección de civiles en conflictos armados.

En ese foro, Guterres citó los avances y recordó que en la actualidad existe una amplio marco de trabajo para la protección de civiles basado en las leyes internacionales humanitarias y de derechos humanos.

Afirmó que en los últimos 20 años las operaciones de paz de la ONU han salvado innumerables vidas y citó, entre otros ejemplos, el cobijo que brinda en Sudán del Sur a unos 200.000 desplazados por la violencia y la asistencia humanitaria que reciben millones de civiles en Siria.

El sufrimiento continúa

“Pero, a pesar de estos progresos, los conflictos armados y la falta de cumplimiento de las leyes humanitariasinternacionales siguen causando un enorme sufrimiento humano”, advirtió.

“Los civiles siguen conformando la vasta mayoría de las víctimas en los conflictos. Sólo en 2018, la ONU reportó más de 22.800 civiles muertos o heridos en apenas seis países: Afganistán, Iraq, Mali, Somalia, Sudán del Sur y Yemen.”

Detalló que el 90% de los abatidos o lesionados por armas explosivas utilizadas en áreas pobladas en todos los conflictos del momento eran civiles.

Guterres refirió que, además, el hambre y la violencia sexual se han convertido en armas de guerra, mientras persisten los ataque a los trabajadores humanitarios y de salud, así como a sus instalaciones.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el año pasado se registraron 705 embestidas contra personal y recintos sanitarios en sólo ocho conflictos, lo que resultó en 451 muertes y 860 heridos. Eso sin contar los 369 trabajadores humanitarios secuestrados, lesionados o asesinados.

“Nuestro principal desafío es mejorar y garantizar el respeto y apego de las leyes humanitarias internacionales en las áreas de hostilidades”, puntualizó el titular de la ONU.

“En muchos casos, la información que tenemos apunta a un cuestionable respeto de las leyes, en otros observamos violaciones flagrantes de las mismas. No obstante, hay ejemplos de partes en conflicto que respetan la ley y toman precauciones para minimizar el impacto de los enfrentamientos en los civiles. Estas prácticas deben implementarse con eficiencia y convertirse en un estándar para todos los actores y teatros de operación.”

23 MAYO 2019

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