Si el documental «The Last Dance» mostró algo, es que Chicago Bulls fue un equipo mítico gracias al talento y al liderazgo de Michael Jordan. Pero también que el número 1 forzó a sus compañeros, de mejor o peor manera, a seguirlo al extremo. Se discutió mucho ese rol ahora que terminó la serie. Pero apareció Michael Phelps y dijo: «Yo era igual de imbécil con mis compañeros que Michael Jordan”.

Un líder deportivo predica con el ejemplo. Se sabe determinante, logra resultados y quiere que otros lo acompañen en ese camino de gloria. Pero, claro, puede extralimitarse y sobrepasar límites. «Me van a ver como un monstruo», había dicho Jordan antes del documental. Y Phelps habló clarito sobre su manera de comportarse.

«Era un imbécil cuando me entrenaba, porque quería ayudar a todos a asegurarse de que tenían las mismas posibilidades que yo de ganar. Todos estamos trabajando juntos como un equipo a pesar de que la natación es un deporte individual. Queremos lo mejor el uno para el otro, así que los desafiaré y me aseguraré de que se estresen», comentó Phelps en Yahoo Sports sobre cómo se manejaba con sus colegas.

El Tiburón de Baltimore es el máximo medallista olímpico de la historia, con 28 preseas, incluyendo 23 de oro. Y si se suman los Mundiales y el Campeonato Pan-Pacífico, llega a 73 medallas.
Parece que seguir el modelo de Jordan le sirvió a Phelps, uno de las leyendas del deporte mundial. «Era el tipo de deportista que quería ser. Quería hacer de muchas maneras lo que hizo él en el básquetbol», comentó el nadador.

El aislamiento social durante la cuarentena lo ha tenido a maltraer a Phelps, más allá de que disfruta junto a su esposa Nicole y a sus tres hijos. «La pandemia ha sido un desafío que nunca esperé. Toda la incertidumbre. Estar encerrado en una casa. Y las preguntas. ¡Tantas preguntas! ¿Cuándo va a terminar? ¿Cómo será la vida cuando esto termine? ¿Estoy haciendo todo lo que puedo para estar a salvo? ¿Está mi familia a salvo? Me vuelve loco», se preguntó y confesó con crudeza.
«Estoy acostumbrado a viajar, a competir, a conocer gente. Esto es una locura. Mis emociones están por todas partes. Siempre estoy al límite. Siempre estoy a la defensiva», amplió Phelps, quien admitió que discutió con su esposa por esta situación.

«Me he sentido más abrumado que en toda mi vida. Tengo momentos en los que no quiero ser yo. Ojalá pudiera ser un cualquiera», comentó el deportista quien admitió hace tiempo que sufrió problemas de depresión en varios momentos de su carrera.
Hoy se divierte con sus hijos. «Hay momentos en los que estoy atascado en mi propia cabeza y Boomer, mi hijo de cuatro años, se acerca, me da un abrazo y me dice que me quiere -se emocionó-. Es literalmente la cosa más grande del mundo».

CLARÍN

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